CÓMO LA CONSIGUIÓ LA AGENTE B
El séptimo intento sonó diferente.
Seis cocineros habían intentado reproducir aquel pollo. Seis sobres habían regresado vacíos. Cuando la Agente B llegó a Kentucky, solo quedaba un turno de cocina y una última oportunidad de recuperar la receta.
Se infiltró como ayudante, dispuesta a escuchar. No hubo contraseña ni tinta invisible. La señal era un sonido: el crujido exacto del contramuslo al salir de la fritura. El cocinero lo acompañó con havarti, cebolla roja glaseada y una salsa marcada como Y-kick. B no necesitó una segunda prueba.
La fórmula salió escondida en el séptimo sobre. De ahí el nombre del expediente: Chick-7. Durante años descansó junto a las recetas de carne, aunque nunca intentó parecerse a ellas. Una misión de perfil bajo que, en cuanto das el primer bocado, hace bastante ruido.
El origen de todos los expedientes

