CÓMO LA CONSIGUIÓ LA AGENTE B
Una desviación que no estaba en el mapa.
El mapa terminaba en una gasolinera. La pista, no. La Agente B llevaba dos días cruzando Kansas detrás de un cocinero que cambiaba de restaurante cada vez que alguien le preguntaba por su salsa. La única señal fiable era el humo.
Lo encontró al caer la tarde, en un comedor junto a la carretera. Un aro de cebolla crujió en la mesa de al lado y B supo que había llegado. Pidió la especialidad. La salsa BBQ, el bacon y aquel rebozado a la cerveza hicieron que olvidara el nombre que figuraba en su documentación falsa.
La receta viajaba escrita en el forro de una chaqueta. B la recuperó durante una partida de cartas que duró bastante más que la cena. Guardó el archivo con el número de la ruta de salida: 42. Hoy el recorrido termina en Pamplona, entre dos panes y sin necesidad de mirar el mapa.
El origen de todos los expedientes

